La Sociedad del Hombre Nuevo
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Cielo o Infierno: Tú Decides
Por Alberto de la Peña
Cuantas veces no nos hemos preguntado ¿donde esta el cielo y el infierno? A pesar de que esta parece ser una pregunta simple, la misma puede desatar, como lo ha hecho através de la historia, un sin fin de respuestas. Respuestas que van desde la incredulidad del ateo hasta el más extremo dogmatismo religioso. Independientemente de las creencias personales ¿no existirá acaso alguna respuesta sencilla y práctica para una pregunta que tiene solo siete palabras?

Para encontrar la respuesta, tal vez tendríamos que empezar por definir qué es el cielo y el infierno. Esta no es una tarea fácil, pero tal vez podríamos dar algunos parámetros e ideas de lo que significa uno y otro. En lo más básico, visualizamos el cielo como el lugar en donde estamos junto al Creador, siendo que en el infierno estamos junto al destructor. En el cielo hay felicidad verdadera, mientras que en el infierno hay sufrimiento. El cielo premia y el infierno castiga. El cielo es un estado de luz, mientras que el infierno uno de obscuridad. El cielo es el lugar de las virtudes, mientras que el infierno es el lugar de los vicios. En el cielo se expresa lo mejor del ser humano, en tanto que en el infierno lo peor.

Curioso es que la vida de cada uno de nosotros, al igual que la humanidad misma, tienen y han tenido lados de luminosidad y obscuridad. La luz y la obscuridad, el bien y el mal, son dos caras de una misma moneda. La moneda somos nosotros. Así nosotros mismos mostramos una u otra cara con cada uno de nuestros pensamientos y acciones. A veces, durante el transcurso del día podemos mostrar en diferentes momentos las dos caras de nuestra moneda. ¿No será entonces que el cielo y el infierno están más cerca de lo que pensamos? ¿Será que no hace falta morir para poder conocerlos?

Independientemente de lo que nos pueda deparar después de la muerte, no cabe duda que en este mundo existe el cielo y el infierno. Nosotros mismos, con nuestros propios pensamientos y acciones creamos nuestro propio cielo o infierno. Cada vez que nos dejamos ir por los vicios y actuamos en contra de los valores universalmente reconocidos, estamos actuando en contra de nuestra propia naturaleza y es así que tarde o temprano empezamos a vivir nuestro propio infierno, aún y cuando no nos demos cuenta. Por el contrario, cuando encontramos el sentido trascendental de la vida, hacemos nuestros mejores esfuerzos por actuar correctamente, tratamos de seguir las virtudes y los más altos valores que han regido a los grandes de la humanidad, en esa medida vamos creando el cielo en nuestras propias vidas.

Aquellos que crean el infierno acaban siendo consumidos por las flamas de sus pasiones, vicios y actos negativos, mientras que aquellos que cultivan su cielo, se elevan por encima de sus conciencias para servir a sus hermanos. Bien se dice que el hombre sirve más y mejor a Dios cuando sirve a la mayor creación que Dios ha hecho: el ser humano.

En este sentido, debemos trabajar cada día para crear nuestro propio cielo, el cual iluminará no solamente nuestras vidas sino las de que nos rodean. La luz, que es la puerta del cielo, nos puede hacer caminar por el camino de la verdad y la sabiduría. Al fin que la obscuridad no es otra cosa que la ausencia de luz.

Si cada uno de nosotros trabaja para crear su propio cielo, nuestras vidas y las de los demás cambiarán para bien. Así como la vela saca con su luz la obscuridad de un cuarto, hagamos que nuestros pensamientos y acciones sean la luz que saque la obscuridad de nuestras vidas. Hagamos que nuestra moneda solo muestre su cara de luz, reconociendo que cuando no lo hace, la obscuridad estará presente. Seamos proactivos. No esperemos a que alguien haga en nuestras vidas algo que solo nosotros mismos podemos hacer.

Así hermano, te invito a poner en tu oficina, casa, taller, dojo, o en cualquier lugar en donde desempeñes gran parte de tus labores, una tarjeta que diga “Cielo o Infierno: Tu Decides” y volteemos a ver nuestra tarjeta cada vez que tengamos que tomar una decisión o actuar sobre algún tema, sabiendo que cada paso que demos en nuestro camino irá creando nuestro propio cielo o infierno. El camino esta trazado, la decisión es nuestra.
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