El costo de inscribir un nuevo alumno a una escuela de artes marciales en nuestro país, es en promedio de $1,200.00, aproximadamente
el monto de
En la mayoría de los casos un alumno perdido no se recupera.
Desde el momento que un alumno pise tu escuela, debes educarlo para que se quede, debes motivarlo y ofrecerle retos medibles
y alcanzables, pero también debes mencionarles que durante su entrenamiento abrán altas y bajas, momentos difíciles que con tu apoyo
deben aprender a superar. Y es esta la esencia de la práctica del arte marcial.
Un cambio de residencia a una ciudad diferente o problemas
de salud, son quizás las únicas dos razones válidas para un cambio de escuela, de ahí en fuera debe ser el compromiso del profesor
contar con un sistema que permita conocer los problemas de sus alumnos antes de que sucedan, que le permita anticipar su falta de
motivación y que finalmente lo lleve a profesionalizar su actividad, cuidando no solo los aspectos técnicos de la enseñanza del arte
marcial sino, aún más importante, mantener un óptimo nivel de comunicación con sus alumnos y padres de familia, pero no de manera
esporádica, sino constante y eficiente.
Cuantos de nosotros no conocemos al profesor típico, a lo mejor muy bueno técnicamente hablando
y que en su momento quizás fue inclusive un gran competidor; pero con muy pocas cualidades para relacionarse con sus alumnos y que
cree que con solo pararse en una escuela los alumnos llegarán solos. Nada mas alejado de la realidad actual en la que las necesidades
y percepción de la gente han cambiado drásticamente de los años dorados del arte marcial en México (las décadas de los 70´s y 80´s)
en que las escuelas de más de 400 alumnos eran más la regla que la excepción, todo lo contrario a lo que ocurre en la actualidad.
Hoy la enorme competencia, no solo de las diferentes ofertas de escuelas de arte marcial, nos ha llevado a una situación de
gran deterioro y lucha por la sobre vivencia cotidiana que hace muy difícil el sostenimiento de una escuela de artes marciales.
Aunado a esto, tenemos el concepto tradicional de una escuela de artes marciales a la antigua (Desde luego, antes y ahora han existido
escuelas modelo que no tienen este perfil, pero desgraciadamente son las menos), generalmente descuidada e inclusive algunas veces
sucia. Es la escuela típica en la que el profesor no tanto enseña, como ordena. Las exigencias que se le presentan al nuevo alumno
lo abruman sobrepasando con mucho su confianza y habilidad. La atmósfera que se respira en este tipo de escuela es ante todo intimidatorio.
El resultado, desde luego, es un alto índice de deserción. Lo triste de este caso es que estamos hablando de escuelas que han venido
funcionando por más de diez, inclusive veinte o más años, pero que, sin embargo, en el mejor de los casos siguen teniendo menos
de 50 alumnos; es la típica escuela en la que desertan tantos alumnos como los que ingresan.
Un cálculo conservador al respecto nos
indica que cuando menos varios cientos de miles de personas se inscriben anualmente en las escuelas de arte marcial existentes
en nuestro país, la mayoría de los cuales deja de asistir a clases en los primeros tres meses, para ya no regresar jamás a una escuela
de este tipo. Esto significa que no solamente les falló su profesor sino toda la infraestructura del sistema de artes marciales, que
hasta la fecha debe enfrentar esta enorme e irreparable pérdida. Sencillamente imagina cuántos buenos competidores, cuántos prometedores
practicantes de arte marcial, cuántos mejores seres humanos tendríamos, si se les hubiera ofrecido una experiencia más positiva. ¿Cuál
seria la situación de la mayoría de las escuelas de arte marcial en la actualidad? Probablemente estaríamos hablando de una situación
muy distinta.
Todos estamos de acuerdo en que la práctica del arte marcial es buena para la persona y la sociedad en general.
Entre más gente pueda aprender y nutrirse de los principios de respeto, disciplina, dedicación y lealtad, podremos vivir en una mejor
sociedad, un mejor país y un mundo mejor, mas armonioso y feliz.
Teniendo esto en mente, es nuestra obligación como profesores
de arte marcial, preguntarnos: ¿Qué puedo hacer, como un instructor comprometido con mi escuela para que el programa
de enseñanza que ofrezco satisfaga las expectativas de mis alumnos?
Un primer punto a considerar, sería aceptar que en
las condiciones actuales de la vida moderna, la mayoría de la gente está muy ocupada y tiene un increíble número opciones que
requieren de su tiempo y atención.
En el caso de los adultos, la familia, el trabajo y las actividades sociales ocupan un primer
plano; para los niños la cantidad de opciones pareciera no tener límite; para sus padres, las exigencias económicas de sus hijos,
combinadas con el estrés de ser el taxi del hogar y de todas las demás actividades que incluyen las clases de arte marcial, propician
que la eliminación de alguna de tantas actividades se vuelva muy atractiva.
Como profesionales del arte marcial, estamos sometidos
a la presión de continuamente tener que motivar a los alumnos para que se mantengan en sus clases de arte marcial y no se vayan a
otra actividad que quizás les resulte más agradable y en la que puedan creer que serán mejores.
Recuerda que muchos de los profesores
aprendieron arte marcial en otra época, en la que el dolor y el sacrificio de los alumnos durante la clase eran un ingrediente determinante
de su aprendizaje. Aquella atmósfera de la escuela de arte marcial autoritaria y de disciplina casi militar, quizás haya sido la adecuada
para esos tiempos del arte marcial, pero, con toda seguridad no fue diseñada para los niños de 3 años de la actualidad, mucho menos
para la típica mamá quién después de 10 años de no hacer ninguna actividad física por haber estado dedicada a la crianza de sus hijos,
hoy se inscribe como una nueva alumna en nuestra escuela.
O, probablemente, los programas de enseñanza no fueron diseñadas para
el estrés de la gente de la actualidad, que tiene una amplia gama de otras actividades de donde escoger. Sólo porque nosotros aprendimos
en una escuela de dolor y sufrimiento no significa que sea esa la manera correcta de enseñar. ¿Puedes recordar cuántos de tus
compañeros de clase siguen aún dentro del arte marcial? Con toda seguridad te sobran dedos de una mano para contarlos.
La siguiente
es una lista de las razones más comunes por las que los alumnos se aburren y abandonan sus clases más frecuentemente.
La lista desde ningún punto de vista está completa, ya que los alumnos pueden tener un sinfín de razones, que desde luego
incluyen las situaciones personales que los pueden llevar a abandonar la práctica del arte marcial. Nuestro objetivo aquí es tratar
de llamar la atención hacia los problemas más comunes que se viven en una escuela de arte marcial:
1. ¡Los alumnos
deben sentir su progreso! Un buen ejemplo del impacto positivo del progreso, lo podemos apreciar en los esfuerzos de alguien por bajar
de peso por medio de una dieta. Una de las mejores motivaciones que la persona que está a dieta puede recibir, es que alguien
le comente acerca de su figura más delgada, para sentirse impulsado a continuar con su dieta. De la misma manera, tus alumnos necesitan
saber acerca de sus progresos en la práctica del arte marcial, tus comentarios deben ser siempre positivos, al menos tanto como la
situación lo permita, desde luego sin dejar de ser honestos.
Con demasiada frecuencia el profesor de arte marcial, debido a la manera
en que aprendió o a la exigente naturaleza de la técnica, se vuelve hipócrita.
Se vuelve experto en mencionar sólo lo que está mal
con la técnica de alguien, en lugar de enfatizar lo que el practicante hace bien. El profesor tiene la obligación de informarle al
alumno de sus avances al tiempo que sugiere la manera de mejorar la técnica. Explicarle al alumno: “Lo que deba hacer” en lugar
de “Lo que no debe hacer”.
Muchos profesores han tenido éxito con una estrategia de alabar – corregir - alabar. Un ejemplo sería modificar ordenes tales como; “¡Tú rodilla esta demasiado abajo!”, con “! Tú patada de lado te está saliendo mejor!", “asegúrate
de subir más tú rodilla para que ejecutes aún mejor tú patada”. “Lo vas a lograr, sigue practicando”.
En este ejemplo cambiamos un
comentario impersonal, con una observación personal, y le damos al alumno información de sus progresos, combinando un consejo que
le permitirá mejorar la ejecución de su patada. Ciertamente que hacer este tipo de comentarios requiere de un poco de más esfuerzo
por parte del profesor; sin embargo, mantener a los alumnos en clase y verlos crecer y avanzar a través de las diferentes cintas
bien vale la pena el esfuerzo adicional.
Debes reconocer sus esfuerzos y valorarlo.
2. Debes ofrecerles
un reto y una razón lo suficientemente fuerte, para que abandonen su cómodo sillón frente a la televisión, cuando menos dos veces
por semana para asistir a sus clases de arte marcial. Todos necesitamos tener metas y los alumnos no son diferentes.
Está es la razón
por la cual el examen bimensual mejor que trimestral es crítico en el aprendizaje del alumno, en el pasado los alumnos tenían que
esperar a que todos sus compañeros estuvieran listos, lo cual representaba un gran error, por la sencilla razón de que era muy frustrante
para la mayoría de alumnos. El examen bimensual nos ofrece una meta que puede ser medible en fechas específicas.
La implementación
del examen bimestral en comparación con el trimestral ofrece la oportunidad de darle al alumno la posibilidad de acercarle la medición
de sus avances lo que es particularmente importante para los niños dada su necesidad de cambio constante. Está demostrado que las
escuelas que realizan exámenes bimestrales han experimentado una mayor retención de sus alumnos además de incrementar el gusto
por el arte marcial, amén de valorar mejor sus avances en cada examen. Debemos tener en cuenta que, principalmente en el caso
de los niños, es necesario ofrecerles estímulos constantes dado que fácilmente pueden distraerse o perder el interés en cualquier
actividad.
Igual de importante para instituir las metas en tu programa de enseñanza es el proceso de enseñar a tus alumnos lo importancia
y la estrategia de poner metas. Menciona la meta de llegar a Cinta Negra continuamente en clases para mantener a los alumnos centrados.
Termina la clase felicitando al grupo por haber venido esta tarde en particular, recordándoles que la clase no siempre será fácil,
pero las metas que valen la pena requieren de grandes esfuerzos. Esto es lo que hace a la Cinta Negra especial. El arte marcial es disciplina y la primera regla es llegar a la clase.
La falta de una meta atractiva es todo lo que se necesita para que el
alumno acepte una invitación al cine de su novia o amigos, en lugar de asistir a la clase.
Tener metas claras, definidas
y programadas, es también, lo que el alumno necesita para asistir a su clase y cambiar la fecha y hora de una invitación al
cine.
3. En la actualidad sabemos que el aprendizaje funciona mejor, en una atmósfera agradable para el alumno y el profesor.
Algunos de los vicios que aún hoy se pueden ver en muchas escuelas de arte marcial, tienen que ver con la disciplina casi militar
con que se solía enseñar en los primeros años del arte marcial en nuestro país. Se trataba a los alumnos como si se les estuviera
preparando para ir a una guerra, lo que desde luego no era el caso.
Cuando el ir a la clase de arte marcial se vuelve más estresante
que ir a la escuela o el trabajo, por regla general se logra que los alumnos deserten. Está es la razón por la cual en muchas de las
escuelas de arte marcial más exitosos se puede apreciar una atmósfera por demás agradable.
La gente siempre preferirá hacer
lo que disfruta. Los profesores que no permiten la risa o la diversión en su escuela, la mayoría de las veces se tienen que enfrentar
a un mayor índice de deserción que el promedio.
En muchas escuelas de arte marcial, los profesores aceptan los aplausos al final de
la clase como una manera de motivar y reforzar el compañerismo del grupo. Pero, por otro lado muchos profesores consideran que este
tipo de actividades rompen con la seriedad y disciplina necesarias en la práctica del arte marcial.
Sin embargo, si damos una mirada
hacia los deportes más rudos que se practican en el mundo, nos encontramos que:
El entusiasmo y la alegría por el juego son ingredientes
esenciales de su práctica y son tomados como muestra de confianza y compromiso.
4. En el Karate se acostumbraba
hacer repeticiones de un mismo golpe o patada por mil o dos mil veces, lo que solía dejar al practicante totalmente adolorido, incapaz
de caminar por varios días, en la actualidad este ya no es el caso, ¡quién no recuerda alguna clase que fue particularmente
dolorosa por el exceso de repeticiones!
Esto no es enseñar. Si bien es cierto que se debe repetir una técnica lo suficiente para desarrollar
la habilidad, demasiadas repeticiones dan por resultado que el alumno no aprenda ninguna técnica. Y lo único que puede propiciar es
que abandonen sus clases de manera definitiva.
Un buen ejemplo podría ser el que una técnica como la patada de giro, repetirla
diez veces a cada lado ante el espejo, para después repetirla otras diez veces, pero frente a un compañero, para afinar la puntería
y la efectividad, finalizando con diez repeticiones de cada pie sobre una paleta. Son sesenta repeticiones de una misma patada como
parte de una excitante e interesante clase.
Debes ser creativo en tú enseñanza para que las técnicas puedan ser repetidas,
pero con una variedad divertida e interesantes ejercicios.
5. En general todos los alumnos de una escuela de arte marcial necesitan
creer que pueden ser Cintas Negras. Mientras que muchos de tus alumnos más atléticos y seguros de si mismos lo creerán desde el primer
día, la mayoría tendrá muchas dudas al respecto.
Debes motivarlos, recordarles que están en el camino correcto y que te sientes orgulloso
de su constante progreso. Hazles saber que tú eres su “profesor hacia el éxito” y que estarás siempre dispuesto a ayudarles durante
todo el trayecto.
Aprende a reconocer su más pequeño progreso y a motivarlos por ello. Puntualiza los mejores aspectos de su
técnica ante el resto de la clase.
Si alguno de los alumnos destaca con su patada de lado, úsalo como un ejemplo para el resto de
la clase y haz que todos le den un aplauso.
Muy pocas cosas motivarán a algún alumno mejor que esté nivel de reconocimiento.
6. Mientras que todos podemos comprender esto, fuimos enseñados de cierta manera, que no por ese sencillo hecho lo vuelve correcto, esto
aplica a más que sólo enseñar metodología, también puede aplicar a la forma en que tu presentas tú sistema de enseñanza de arte marcial.
Por
lo general se tiende a avasallar al alumno principiante con técnicas confusas, difíciles y al parecer (al menos para el alumno), sin
un propósito claro. Al seguir avanzando el alumno a través de los diferentes grados, se encuentra por lo general con menos y menos
material nuevo que aprender.
Con demasiada frecuencia en el nivel de Cinta Negra los exámenes están separados por años y el único material
nuevo es únicamente una o dos formas avanzadas.
Los principiantes se pueden sentir frustrados con todo el material que se les suele
requerir que aprenden al principio en su enseñanza. Particularmente cuando el material no está de acuerdo con sus expectativas por
las que ingresaron a la escuela de arte marcial, generalmente con el propósito de aprender defensa personal, se pueden sentir frustrados
y renunciar, si la clase está más centrada en básicos y formas del sistema tradicional.
Por el contrario, un alumno que pasa por todos los grados hasta llegar a cinta negra se puede sentir desilusionado cuando como un nuevo cinta negra, la mayor parte de la clase transcurre con las mismas técnicas de siempre, porqué el sistema no tiene nada, o casi nada nuevo que ofrecer al alumno. El alumno ha sobrepasado al sistema de enseñanza en esté caso.
En esté escenario el programa de enseñanza se puede representar como una pirámide. La base, con todas las técnicas, está en la parte de abajo de la pirámide (cinta blanca), mientras que la punta tiene muy poco material nuevo que enseñar (cinta negra).
7. El combate es una de las áreas más grandes de temor y preocupación para un principiante. Mucha
de nuestra experiencia en arte marcial tiene que ver con el intenso combate que se solía practicar en los albores de la enseñanza
del arte marcial.
Por más valor que le demos al combate como un requisito indispensable para una cinta negra, no tiene nada que ver con inspirar a los principiantes. Demasiados alumnos han abandonado sus practicas de arte marcial por haber sido introducidos al combate demasiado pronto. Típicamente esto sucede a los tres meses. Es demasiado pronto.
A la mayoría de la gente se le educa, particularmente a las mujeres a no golpear a nadie. El simple pensamiento de golpear a alguien está contra sus valores. Toma tiempo sobreponerse a esto, sin perder al alumno. Con frecuencia en las clases de principiante se puede ver a alguien quien tentativamente le pega a su oponente, pidiéndole disculpas por el golpe asestado. Está es una indicación clara de que la persona no está aún lista para el combate.
Es indudable que el combate es un aspecto esencial de la cinta negra; sin embargo, sencillamente no hay ninguna prisa en llevar al alumno a está etapa. Al darle el tiempo necesario a los alumnos para que se adapten al combate, se tendrán más alumnos que disfruten el combate por el resto de su vida, ya que no desertarán a su escuela de arte marcial por haber combatido demasiado pronto.
Mientras tú perspectiva de enseñanza hacia los alumnos sea a más largo plazo, será mejor. Si puedes ver el proceso de enseñar a un alumno con la idea de ser capaz de que sigan regresando a clases, tendrás entre tres y cinco años para prepararlos para su examen de cinta negra. Está actitud fomenta una forma paciente y a largo plazo de trabajar con el alumno.
El resultado será una menor deserción y un mayor
número de personas que disfrutan los beneficios que el arte marcial les puede ofrecer, además de que en términos económicos resulta
mucho mas costeable mantener un alumno que lograr la inscripción de uno nuevo.