Hace 33 años un meteoro humano impactó al mundo entero con el estreno de la Cinta “Operación Dragón”, de la cual era el personaje
central. De nombre Bruce Lee y apodado respetuosamente como “Dragón”, este personaje se reveló como un atleta de cualidades casi sobrehumanas
y con una presencia escénica que nos magnetizó a todos. Casi sin ayuda, este carismático personaje volvió populares a las artes marciales
a un grado que nadie sospechó jamás y se volvió la fuente de inspiración para cientos de miles de personas, a riesgo de quedarme corto,
entre los que se cuenta quien escribe estas líneas. Tratando de penetrar en el misterio de su vida y su muerte, un ejército de fans
nos adentramos en su biografía y en lo que se escribía de él; aprendimos algunas de sus rutinas de entrenamiento, tratamos de comprender
su concepción propia de las artes marciales, a la que denominó Jeet Kune Do; entendimos que era el genio creador detrás de la Serie
“Kung Fu” y el carisma oculto del “Avispón Verde”; compramos sus posters, calcomanías y hasta la réplica de sus nunchakus… Pasaron
los años, luego los lustros y finalmente las décadas; fuimos madurando en el camino y nos acostumbramos a observar en los comics,
videojuegos y películas a replicas del “Dragón” con diferentes nombres, por aquello de los derechos, pero constituyendo en su conjunto
un homenaje silencioso, poderoso, perdurable, de la memoria de Bruce Lee, a quien recientemente el prestigiado semanario “TIME” señaló
como uno de los “100 Personajes más influyentes de la cultura contemporánea”, declarando que su imagen es ya un símbolo equiparable
a la iconografía del legendario “Che Guevara”. Así lo pude corroborar a mediados de año cuando adquirí en Calexico, E.U.A. un par
de playeras muy bien elaboradas con la imagen de Bruce Lee; tanto de aquel lado de la frontera como de este muchas personas me detuvieron
para observar detenidamente mis playeras y decirme lo mucho que les gustaban o bien simplemente levantaban el pulgar al verme portándolas;
por muy bien diseñadas que estuvieran, eso jamás hubiera sucedido con la imagen de una estrella de rock o de cine, ni con ningún líder
religioso o político. A mi regreso a México, mandé una de esas playeras a la tintorería porque no deseaba que nada las “envejeciera”
o dañara prematuramente; lo único que logré fue que la tintorería me la “extraviara” y me ofreciera ponerle precio para compensar
la pérdida ¿precio?, respondí indignado, eso no tiene precio, cobrar por lo que acaban de robarme sería un insulto… Y es que el secreto
de Bruce Lee, siempre fue la MAGIA, el hechizo de su pasión al retar a los sistemas tradicionales, su filosofía de la vida y las artes
marciales, el vencer todos los obstáculos y convertirse en un héroe dentro y fuera de la pantalla con un físico perfecto, midiendo
solamente 1.60 y pesando 70 kgs. Hoy en día modelo a seguir para una legión de fisicoculturistas y profesionales del fitness que parecieran
tener mejor genética que aquel muchacho de origen chino en un mundo de blancos que se convirtió en paradigma de equilibrio entre musculatura,
esbeltez y rapidez de movimientos. La espectacularidad de sus combates fílmicos ha sido imitada y “clonada” innumerables ocasiones
con presupuestos millonarios, sin lograr el impacto que logró en sus películas financiadas con un puñado de dólares… En fin, todo
un avatar del combate que pese a no haber nunca subido públicamente a un ring es reverenciado por una pléyade de competidores de contacto
total y reconocido como el “padre de las artes marciales mezcladas” como sucedió en un evento reciente del circuito UFC. Sin ir tan
lejos, en este ejemplar que tienes en las manos podemos atestiguar como Ray Park, quien encarna al temible Dart Maul en el Episodio
1 de la Saga de la Guerra de las Galaxias, declara ser seguidor y admirador del legado, dentro y fuera de la pantalla, de Bruce Lee,
quién con su vida y obra lo inspiró para entrenar e incursionar en el cine. También en el mundo del séptimo arte a principios de año
fui llamado a colaborar en una importante cinta en donde querían que las peleas tuvieran un sazón a la Bruce Lee…
Este 27 de noviembre
se celebró el natalicio del hombre y el mito nacidos en 1940, año del Dragón, testimonio de cómo la entrega total y convicción en
torno a un ideal vencen a la misma muerte, como es el caso del Profesor Miguel Moreno Segura, introductor del Aikido en México a quién
despedimos físicamente en este número. Sea este ejemplar un pequeño ejercicio de “Jeet Kune Do” en donde nuestros excelentes colaboradores
escriben acerca de sistemas chinos, coreanos y japoneses, así como de varios torneos que se derivan de su práctica; a la vez que reflexionamos
en torno a nuestra manera de impartir clases en las escuelas que pudiera estar frenando el crecimiento de las mismas por estar apegados
demasiado a una tradición didáctica que reproducimos un tanto irreflexivamente, olvidando que gran parte de la filosofía de Bruce
Lee implica que el aprendizaje, enseñanza y desarrollo de las artes marciales comprende un cambio y adaptación a circunstancias siempre
cambiantes, con una mente libre y espontánea, de “reptil”, como diría uno de los escritores de esta edición de Katana, en donde como
demostró el Dragón en vida, las artes marciales, sin importar su origen, se nutren unas a otras en un ejercicio constante de autodescubrimento
que tiene al “no camino como camino y a la no limitación como limitación”.