La Venganza de
HE YOUNG KIMM
Por Alonso Rosado Sánchez
Un día de 1956, cuando He Young Kimm tenía 16 años y vivía en Seúl, Corea, como estudiante de preparatoria, experimentó el fuerte sentimiento intuitivo de que debía ir de inmediato a la cercana población en donde residía su familia. Tomó un tren y, cuando llegó allá, se fue al hogar paterno. Encontró a todos los miembros de su familia llorando, arrodillados en el piso a la usanza oriental. En medio de ellos yacía su padre, mal herido. Según le informaron, había tenido un altercado con tres hermanos de la familia Kwon y éstos, arrojándose sobre él, lo habían golpeado salvajemente.
Según la tradición coreana, el hijo mayor debía vengar las ofensas hechas a su padre y dejar a salvo su honor. El era el hijo mayor y, por tanto, le correspondía la tarea. Aunque en su escuela había practicado Judo, Bi Sool (una técnica de defensa personal) y hecho ejercicio en barras paralelas, comprendió de inmediato que eso no sería suficiente para enfrentarse a los tres duros hermanos Kwon. Diversas posibilidades pasaron por su mente, como la de conseguir una pistola y buscar a los ofensores de su padre, pero en esa época, en Corea, no se les permitía a los civiles portar armas de fuego. La única forma de obtener una era ingresando a la academia de policía, mas no pudo hacerlo porque allá exigían a los aspirantes el certificado de haber cursado la escuela preparatoria (el High School) y como aún no contaba con él, tuvo que desechar la idea. "El único camino que me queda - pensó - es volverrme experto en varias artes marciales y luego enfrentarme con esos sujetos. Si comienzo ahora mismo, dentro de tres años años podré llevar a cabo mi designio".
A la mañana siguiente comenzó la práctica de una rutina que seguiría durante muchos años: se levantaba cada día antes de que el sol saliera y con los pies descalzos subía corriendo una montaña que se encontraba cerca de su escuela. Ya en la cima, realizaba ejercicios de respiración y luego bajaba otra vez corriendo. Una mañana, encontró entre los peñascos a un hombre muy fuerte y musculoso ejecutando difíciles ejercicios con uno como bate de beisbol, pero diez veces más pesado y bastante más largo. Quedó asombrado cuando supo que rebasaba los setenta y cinco años. Aquello lo tomó como una gran inspiración para no desmayar nunca en sus entrenamientos y ser cada vez más fuerte. Sin abandonar el Judo y el Bi Sool, se matriculó en el gimnasio "Corea" y allá le enseñaba el maestro Yu Sook-Dong un arte de autodefensa llamado Kong Soo Do, así como también boxeo. ¡Ya verían los tres hermanos Kwon!
Por aquella época conoció a Lee Park, practicante de Judo y Hapkido, quien llegó a ser su mejor amigo. Un día, le contó a éste su plan para derrotar a los hermanos Kwon y Park le dijo: "No será fácil paara ti solo pelear con los tres, ¡yo iré contigo y te ayudaré!". Sin embargo, luego de pensarlo con detenimiento, llegó a la conclusión de que era mejor realizar él únicamente la tarea, así que dio las gracias a su amigo y declinó su solidario ofrecimiento.
Desde hacía tiempo era ya también un disciplinado practicante de Taekwondo y Hapkido. Como parte de sus entrenamientos, acostumbraba romper varios ladrillos hechos de cemento, colocados uno sobre y otro y sin usar espaciadores. En la pared de su habitación colgaban cada vez más diplomas y reconocimientos ganados en las distintas artes marciales en las que se adiestraba, como el certificado que recibió en marzo de 1958 por haber ejecutado las mejores técnicas durante el campeonato nacional de judo de las escuelas preparatorias, que tuvo lugar en la primavera de ese año.
Terminó sus estudios en el High School y se alistó en el cuerpo de marines coreanos, en el que llegó a tener el grado de Segundo Teniente. Lógicamente, aprendió a manejar muy bien las armas de fuego y se hizo experto en el hand to hand, esa lucha militar en la que no existe la piedad, porque se aplica en el campo de batalla, donde se trata de matar o morir. Corría el año de 1963 y He Young Kimm, en excelente forma física y mental, sentía que combatir con los hermanos Kwon ya no iba a representar un problema. El momento de ajustar cuentas con ellos se acercaba.
Entonces tuvo lugar un acontecimiento que obraría como una levadura benéfica para transformar su vida. Sucedió que hizo un viaje a la ciudad de Pusán y visitó su templo para orar. Al sacerdote, uno de esos sabios que han aprendido a leer en el libro de la vida, le contó lo que pensaba hacer en relación con los hermanos Kwon. Después de escucharlo atentamente, guardó silencio, reflexionando; entonces le habló así: "Según los pensamientos que albergues, así serás. ¡Escucha bien lo que te digo!: si quieres sólo vencer a los hermanos Kwon, sin duda lo harás y con ello habrás logrado controlar a tres personas; en cambio, si te vences a ti mismo podrás controlar a mil hombres en el futuro".
Cuando salió del templo, He Young Kimm caminó despacio, reflexionando por primera vez en que quizás debía pensar ya en términos más amplios, superando su sentimiento de venganza. Se dio cuenta de que con el transcurso del tiempo había empezado a sentir cierta clase de aprecio por los hermanos Kwon. Después de todo, gracias a ellos había hecho tantos progresos en las artes marciales y conocido a un buen número de grandes maestros. Había fortalecido su cuerpo y su mente descubriendo potencialidades que de otra manera hubieran quedado desconocidos.
Luego, otro suceso significativo tuvo lugar. Un día, en el gimnasio, su maestro de Judo, Song Kwang Sub, quien conocía bien las intenciones de He Young Kimm de batir a los hermanos Kwon, tomó un pedazo de tiza y dibujó una línea sobre la negra superficie del pizarrón. Luego preguntó a sus alumnos: "¿Quién de ustedes puede hacer más corta esta línea sin borrarla?". Todos quedaron pensativos ante el acertijo; algunos intentaron resolverlo cortándola en varios pedazos con el borrador, pero, desde luego, esa no era la solución. Cuando se vio que nadie atinaba, el maestro se dirigió nuevamente al pizarrón y, arriba de la primera, dibujó otra raya mucho más larga. "Vean cómo ahora la otra se ve mucho más corta", dijo.
Aquella enseñanza que, desde luego, iba enderazada hacia él, fue como una luz que iluminó la mente de He Young Kimm y le hizo ver que, en lugar de continuar buscando la venganza, debía trascenderla volviéndose más grande, cosa que lograría no sólo perfeccionando sus técnicas de artes marciales, sino creciendo en todos sentidos: mental, moral, intelectual, cultural y espiritual, hasta que su intención de ejecutar la represalia, junto con todos los elementos involucrados, quedara empequeñecida, y aún borrada, por logros más grandes y de mayor mérito.
Ese resultó ser uno de los momentos cumbres y decisivos de su existencia, porque después de valorar y asimilar la lección, decidió perdonar a los hermanos Kwon. Hasta la fecha, He Young Kimm recuerda el episodio como un ejemplo dramático de la importancia que llegan a tener los comentarios y orientaciones que los maestros de artes marciales brindan a sus alumnos. Por ello, esa clase de instrucciones debe siempre ser constructiva; porque nunca se sabe cuándo una de ellas puede llegar a transformar el curso de una vida, como sucedió en este caso
Hacía cuatro años que se había matriculado, previo examen de admisión, en el Colegio Marítimo de la Universidad de Pusán, especializado en preparar oficiales para la marina. Mientras estudiaba, nunca abandonó sus prácticas de Hapkido, Judo y Kong Soo Do. Asimismo, leyó las biografías de famosos maestros de artes marciales coreanos, japoneses y chinos y encontró tiempo ara visitar con regularidad los templos de Tong Do y Bum Uh Sa, en donde aprendió Zen de los maestros que allá lo enseñaban.
Cuando se graduó con el grado de Teniente, también recibió su diploma como Bachiller en Ciencia Marítima. Entonces pensó que debía ampliar sus horizontes culturales yendo a los Estados Unidos. Para lograrlo, primero tenía que pasar el duro examen nacional reglamentario que consistía de conocimiento del idioma inglés, historia coreana y una materia básica seleccionada por los examinadores. De los cien mil aspirantes que se presentaron, solamente cuatrocientos lo aprobaron, He Young Kimm entre ellos.
En 1963, antes de marcharse de Corea, fue a la casa de los hermanos Kwon, pidió hablar con ellos y cuando los tuvo enfrente les dijo: "Lo pasado, pasado es; lo hecho, hecho está. Por el bien de la nueva generación de familiares suyos y míos, olvidémoslo. Démonos las manos y vivamos en paz. Ya no abrigo ningún sentimiento hostil hacia ustedes y tampoco lo haré en el futuro". Los sorprendidos hermanos alargaron sus diestras y estrecharon la que He Young Kimm les ofrecía, sellando así el acto de reconciliación. Luego, con una sonrisa amistosa, agregó: "Si ustedes me lo permiten, los ayudaré para que sus hijos asistan a la escuela y tengan una buena educación". Entonces los tres hermanos, en señal de respeto y agradecimiento, se sentaron e inclinaron sus cabezas.
...Y así, de la mejor manera para todos, terminó aquel episodio tan significativo en la vida de He Young Kimm. Como dato adicional, diré que los hermanos Kwon continúan a la fecha viviendo en Corea, trabajando la tierra, porque los tres son campesinos.
A su llegada a los Estados Unidos, en el mismo año de 1963, se inscribió en la Universidad para estudiar filosofía y comenzó a enseñar artes marciales, cuya práctica ya se había vuelto inseparable de él, en el Colegio del Sudeste de Missouri. Con el correr de los años conoció a muchos grandes maestros que enseñaban en Norteamérica, como Chong Chang-hee, quien enseñaba Taewondo en el Instituto de Artes Marciales de Chicago, Illinois, y con él tuvo oportunidad de aprender las formas y técnicas más avanzadas de esa disciplina. Con el maestro Lee Hang-ung practicó las formas antiguas del Tang Soo Do y del Kong Soo Do, así como las modernas que ambos sistemas divulgan en la actualidad.
En esta época dormía muy poco porque estaba estudiando duro para obtener de la Universidad su título de Doctor en Filosofía y también preparando su examen para 8º grado de Hapkido. Para alcanzar esos dos objetivos, resultaron factores decisivos ls fortaleza física y mental lograda a través de las artes marciales y el apoyo incondicional de su esposa, la señora Park Hyun-Ja.
En 1974 se enteró de que los maestros In-Hyuk Suh, Park Myung Kyu y Park Young-Il estaban enseñando el arte marcial coreano del Kuk Sul en Nueva Orleans. Un fin de semana, He Ykoun Kimm visitó a In Hyuk Suh y los dos pronto se convirtieron en buenos amigos, decidiendo trabajar juntos, combinando la instrucción del Kuk Sul y del Hapkido. A esa fusión de técnicas le llamaron Kuk Sul Hapkido. Debido, en gran parte, a las muchas relaciones que He Young Kimm había establecido con otros maestros y con centros de enseñanza superior en los estados Unidos, el Kuk Sul Hapkido comenzó a extenderse con gran rapidez.
Luego de haber obtenido su título de Doctor en Filosofía, escribió y publicó el magnífico volumen tiltulado Kuk Sool, con 760 páginas y cientos de fotografías, incluyendo técnicas hasta el 5º Dan, que se convirtió en el manual del sistema (desde esa época a la fecha, ha publicado otros cinco importantes libros que se encuentran en las bibliotecas de muchos instructores de artes marciales en todo el mundo: Hapkido, Hapkido II, Philosophy of Masters, Taekwondo y, el más reciente, Han Mu Do).
A mediados de la década de los años ochentas, un alumno mexicano del Dr. Kimm, que había estudiado bajo su guía directa en Baton Rouge, Louisiana, el profesor Mateo López Mondragón, trajo el Kuk Sul a México, abriendo una escuela en la calle de Pino Nº 38, colonia Florida, D.F., en donde enseñó con mucho éxito ese arte durante varios años y graduó a los primeros siete cintas negras, contándose entre ellos los profesores Eduardo Navarro, Margarita López Mondragón y Alonso Rosado Franco, a los que volveré a referirme más adelante.
En 1989, el maestro In Hyuk Su sugirió al Dr. Kimm que creara su propia técnica, porque tenía la suficiente experiencia en Soo (defensa prsonal) y Hyungs (formas) para hacerlo. Tiempo después otro gran maestro, Ji Han Jae, al tanto de su desempeño y trayectoria en las artes marciales, también le sugirió llevar a cabo idéntica idea.
He Young Kimm consultó consigo mismo y llegó a la conclusión de que debía seguir aquellos consejos. Entonces, de la enorme experiencia que había acumulado a lo largo de cuarenta años, extrajo los elementos para formar su sistema, al que dio el nombre de Han Mu Do. Han tiene varios significados diferentes, entre ellos el de "uno"; como Mu quiere decir "marcial" y Do, camino, Han Mu Do puede significar "todas las artes marciales en una". También podría interpretarse como "Un sendero de las artes marciales". Asimismo, Han expresa "coreano". De acuerdo con ello, Han Mu Do sería "arte marcial coreano". Otras acepciones de la palabra son "optimista" y "ayuda mutua"", por lo que Han Mu Do expresaría, además: "arte marcial optimista" y "arte marcial de la ayuda mutua", esto último porque las artes marciales no existen para destruír a la gente, sino para ayudarla.
Como el Han Mu Do es un arte marcial moderno, en el sentido de que fue creado pensando en las necesidades de quienes viven en la época actual, lógico fue que el Dr. Kimm usara los recursos más nuevos para conformarlo. Alimentó a su computadora con 3,600 técnicas de los diversos sistemas coreanos de combate, encontrando que muchas de aquellas eran muy parecidas. Conservando únicamente las mejores, se redujeron a 1,100 y de ellas hizo una segunda selección, agrupándolas por su grado de dificultad y propósito. Quedaron 600, ordenadas para principiantes, intermedios, avanzados y cintas negras. Como las secuencias de cada serie son muy lógicas, resultan fáciles de aprender y recordar. Actualmente el Dr. Kimm trabaja en la producción de un programa especial para niños y otro para personas de edad avanzada, en el que se enfatizan la obtención de flexibilidad y defensa personal.
Como parte del sistema, introdujo la práctica del manejo del Ki, la energía vital que anima todo el Universo. Los primeros datos escritos que se encuentran acerca del entrenamiento en el Ki se remontan al año 2,333 antes de Cristo, cuando el caudillo Han Bae Kum unificó nueve tribus y conformó con ellas el pueblo de Ko Cho Sun (la nación de la calma matutina), en el lugar llamado Ali Sa Dal, Manchuria. Esa fue la primera nación coreana de la que existen registros escritos.
Han Bae Kum actuaba como gobernante y también como sacerdote principal del Estado. Siempre opinó que quien deseara regir bien un país, debía hacerlo actuando sobre una base de moralidad, más que de leyes. Recomendaba a sus súbditos rendir culto a Dios, ser leales a la nación, respetar y obedecer a sus padres, llevar una vida honesta, trabajar duro y, para los esposos y esposas, cultivar la armonía. Pensaba que él, sobre quien pesaba la responsabilidad de dirigir a su pueblo, tenía que alcanzar un alto nivel espiritual a fin de poder comunicarse con Dios y recibir de él la inspiración necesaria que le permitiera gobernar de acuerdo a Sus propósitos. Juzgando que esto podría lograrlo a través de la práctica de las técnicas para absorber Ki del Universo, reclutó a los mejores expertos en esa disciplina, llamados Shi Sun y aprendió de ellos, recomendando a sus a sus administradores y oficiales del ejército que hicieran lo mismo. A través de las centurias y milenios, los maestros coreanos del Ki preservaron y transmitieron sus conocimientos, hasta nuestros días.
Nunca fue fácil dar con esos preceptores, porque vivían en sitios casi inaccesibles de las montañas, entregados a sus disciplinas. Sucedió, sin embargo, que el 25 de julio de 1950, Corea del Norte invadió a Corea del Sur, generando un terrible conflicto bélico que duró tres años, hasta el 27 de julio de 1953. Durante ese tiempo, todos los que vivían en las montañas eran vistos con suspicacia por los ejércitos de ambos bandos, considerándolos espías. Ello hizo que los montañeses, incluyendo a los sabios del Ki, abandonaran sus reductos y bajaran a vivir en las ciudades. Era la época en que el joven He Young Kimm, buscando vengarse de los hermanos Kwon, ponía en práctica todo aquello que lo hiciera más fuerte. Sabedor de que un golpe, acompañado por el flujo del Ki, magnifica su potencia, se dio a la tarea de encontrar un instructor que le enseñara el manejo de esa energía. Tuvo la fortuna de conocer al maestro Kwon Tae Hoon. Era un hombre de estatura regular y aspecto venerable que gozaba de una excelente condición física, con cabello, barba y bigote largos y blancos como la nieve. A pesar de que tenía 93 años, no usaba anteojos ni siquiera cuando leía, porque su vista era muy buena. Mostraba una gran sabiduría. Por ejemplo, cuando la Unión Soviética era una potencia mundial y parecía fuerte como una montaña, el maestro Kwon escribió un libro en el que afirmaba que no faltaba mucho tiempo para que se resquebrajara y desintegrara, perdiendo su poder. Ante aquella sorprendente predicción, el Dr. Kimm le preguntó: "Maestro, ¿cómo sabe Ud. eso?", a lo que él contestó: "Los hombres, las plantas, los animales, los soles y las naciones se mueven y actúan obedeciendo determinados ciclos que marca el Universo. Yo he visto las estrellas y en ellas he leído que uno de los ciclos de cincuenta años de esa Unión de Repúblicas, precisamente aquél por el que pasa actualmente, está por terminar. Cuando eso suceda, Rusia quedará reducida a algunos pequeños estados". Años después - prosiguió el Dr. Kimm - esa profecía se cumplió, exactamente como había dicho. Hizo otras predicciones que han ido verificándose una por una y otras que aún no se cumplen, pero que seguramente tendrán lugar, como ha sucedido con las otras.
"El maestro Kwon - siguió diciendo - me enseñó que para acumular y manejar el Ki del Universo, es necesario practicar, no únicamente las técnicas adecuadas, sino también cultivar la pureza, limpieza y bondad en los pensamientos, sin ningún tipo de agresividad o mala intención hacia los demás. La irradiación de una mente así pueden sentirla aún los animales y éstos se acercan de manera espontánea a quien la posee. No en balde se dice de los héroes mitológicos de todas las naciones, que eran capaces de hablar con los animales y éstos los seguían. Hubo en Corea un famoso maestro de Ki, quien siempre que bajaba de su montaña para ir al pueblo era seguido por una procesión de animales y pájaros multicolores. Algunos de éstos se posaban en sus hombros. En cierta ocasión su esposa le dijo: "Es maravilloso cómo te siguen las bestias. Por favor, la próxima vez que vayas al pueblo, captura un venadito para mí, quiero tenerlo como mascota". El maestro contestó: "Muy bien, así lo haré". Mas cuando bajó otra vez de la montaña, lo hizo sólo, porque ningún animal o pájaro caminó o voló detrás de él. Habían percibido su mala intención de atrapar a uno de ellos. Los seres humanos también sienten la bondad o maldad de los demás, acercándose de forma natural a los nobles de corazón y alejándose de quienes no son así. Cuando se tiene la actitud debida, el Ki comienza a fluír en el ser humano. Una de sus manifestaciones es la capacidad de quien lo tiene para armonizarse con todos los seres y todas las cosas.Hay tres etapas en su desarrollo: acumulación, circulación por las diferentes partes del cuerpo y, por último su utilización en las artes marciales.
"Siempre fue difícil encontrar a los genuinos maestros del Ki, pero hoy en día lo es más aún. Yo me siento dichoso de haber dado con el maestro Kwon. El adiestramiento a su lado fue arduo y requirió de una gran disciplina, pero valió la pena y hoy quiero compartir con los demás lo que aprendí de él, colaborando así para que surjan mejores seres humanos. ¿Cuántos maestros del pasado murieron sin haber comunicado los importantes conocimientos que adquirieron a nadie? Fueron muchos y es deplorable que haya ocurrido así. Por ello siento la responsabilidad de hacer partícipes a los demás de estas cosas que he tenido la fortuna de aprender.
"Algunas veces he asistido a sesiones en las que se dice que van a ofrecerse demostraciones de Ki, mas, al verlas, me he dado cuenta de que se trata sólo de fuerza bruta, física. Eso puede hacerse cuando están presentes la juventud y el poder muscular, pero se vuelven imposibles con el paso de los años si no se tiene el Ki.
"He procurado balancear el sistema de Han Mu Do de manera que permita un desarrollo armónico de los practicantes en su mente, en su cuerpo y en su espíritu. También se usa en él una variedad de técnicas, dependiendo de la distancia en la que se encuentre el atacante: si es la de los brazos extendidos, usamos golpes de mano y podría llamársele Karate; si la de las piernas, Taekwondo; tratándose de agarres a las muñecas o brazos, Hapkido; si son agarres a la ropa o al cuerpo, pelea en corto o en el suelo, Judo.
"El principio filosófico subyacente en el Han Mu Do es el del agua. Esta es muy adaptable. A veces se presenta quieta y cristalina, pero puede convertirse en un torrente avasallador. Fluye montaña abajo, rodea los obstáculos o los derriba, según las circunstancias. El Han Mu Do también es adaptable a diversas circunstancias y a todas las persona: niños, jóvenes, mujeres, adultos...
"Quienes se ocupan de la filosofía profunda saben que hay una especie de péndulo invisible que se mueve rítmicamente y arrastra consigo a la humanidad entera, modificando sus actitudes. En tiempos antiguos el arte marcial era uno solo. El guerrero en el campo de batalla usaba sus armas: espada, lanza, daga, arco y flecha... si las perdía, peleaba con sus pies y sus manos, guardando la distancia. Si entraba en la lucha cuerpo a cuerpo, sabía proyectar a su enemigo y si ambos caían, conocía la técnica para combatir en el suelo. Luego, el péndulo se movió y se presentó la época de la especialización. El arte marcial fue fragmentado. En 1882 el gran maestro. Jigoro Kano creó el Judo, con su énfasis en las proyecciones. En China, por la misma época, también surgieron instructores que hacían hincapié en determinabas características. Corea no fue la excepción, con sus sistemas que comtemplaban principalmente el pateo. Mas ahora el péndulo está regresando en su movimiento rítmico y cíclico: los seres humanos están comenzando a buscar nuevamente los conocimientos básicos y de síntesis que son como llaves maestras que permiten abrir no sólo una, sino muchas puertas. Tal vez esa tendencia actual de globalizar los conocimientos sea una de las causas por las que el Han Mu Do ya ha hechado raíces en Europa, en países como Holanda, Bélgica, España, Inglaterra e Italia, así como en el Continente Australiano. En Asia, está presente en Corea, por supuesto, y también en Singapur. En los Estados Unidos constituye un movimiento marcial muy fuerte y en México ya ha comenzado a darse a conocer gracias a la difusión que le está dando actualmente.
"Con la idea de sintetizar varias importantes tendencias, incluyendo la espiritual, de manera armoniosa, creé y sistematicé el Han Mu Do. Esa es mi contribución a la comunidad de las artes marciales para el siglo XXI que ya despunta, y más allá...", terminó diciendo el Dr. Kimm.
Epílogo: De los maestros distinguidos de artes marciales debemos aprender, no solamente la técnica, sino todo aquello que pueda servir para pulir nuestra personalidad, haciéndola mejor y más útil para nosotros mismos y para la sociedad en que vivimos. En el Doctor He Young Kimm podemos observar, entre otras, dos actitudes básicas dignas de ser emuladas:
1º. Siempre tuvo en una mano su uniforme de entrenamiento y, en la otra, un libro. Es decir, supo combinar el desarrollo cultural e intelectual con la práctica de las artes marciales.
2º. Transformó su deseo de represalia contra los hermanos Kwon en un perdón total y sublimó aquél en una energía que utilizó para ser mejor en todos sentidos y superarse a sí mismo, creando además un nuevo sistema de arte marcial: el Han Mu Do.
Dicen los que conocen el significado oculto de los mitos y las leyendas, que cuando los alquimistas de la Edad Media hablaban de querer encontrar la fórmula para convertir el plomo en oro, lo que hacían era usar una alegoría para enseñar que el hombre debía hallar la manera de transformar el plomo de sus bajos instintos y pasiones, como la envidia, la mezquindad y la venganza, en el oro de las cualidades que les son opuestas: la ayuda mutua, la generosidad y el perdón.
De conceptos semejantes y de la historia narrada hay que extraer un valor práctico que podría ser éste: si entre los lectores del artículo que se presenta en estas páginas hay alguno en cuya mente anide el deseo de venganza contra alguien, en lugar de seguir pensando en destruírlo, que mejor tome el ejemplo del maestro He Young Kimm y transmute tal sentimiento en otro que sea constructivo y benéfico para él mismo y para los que lo rodean. Si tal hace, sin duda habrá descubierto la fórmula para volver su plomo, oro.