La Sociedad del Hombre Nuevo
Pergaminos
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El Secreto del Pescador
Por Alberto de la Peña
En una ocasión, un aprendiz de pesca decidió convertirse en el mejor pescador de la aldea. Para tal efecto, el aprendiz pensó que el secreto para convertirse en el mejor pescador era adquirir el equipo de pesca mas sofisticado, que ningún miembro de la aldea tuviera. Así, se hizo de cañas largas, anzuelos potentes y una carnada suculenta. Una vez armado con su nuevo y flamante equipo, el aprendiz se acercó al entonces mejor pescador de la aldea para decirle: “Señor, yo se que usted es el pescador más experimentado de la aldea y he venido aquí para decirle que he encontrado el secreto para convertirme en el mejor pescador del mundo, y me gustaría que usted me acompañara para revelárselo.” El pescador, que era considerado un maestro en la materia, de forma humilde y sencilla, aceptó ir con el aprendiz con la esperanza de aprender algo que no supiera sobre el arte de la pesca. Así, el Maestro le preguntó, ¿y a que parte del lago iremos a pescar hijo?, el aprendiz le contestó, eso no importa Maestro, el secreto es el equipo que traigo y con el cual podemos ir a cualquier orilla del lago. El aprendiz escogió el lugar más cercano y desplegó todo su equipo a lo largo y ancho de la orilla del lago. Al paso de varias horas de espera y luego de haber dado línea a la ca ña una y otra vez de forma infructuosa, el aprendiz le dijo al Maestro “no entiendo como puede ser que con esta carnada tan suculenta y estas cañas de largo alcance, no pueda pescar nada; Maestro, ¿que pasa?, ¿cual es la razón?” El Maestro volvió su cabeza hacia el aprendiz, mirándolo de una forma amable y amorosa y le dijo: “Hijo, para pescar provechosamente, lo más importante es elegir el lugar donde vas a pescar.” En ese momento, el Maestro sacó de su bolsillo izquierdo un hilo transparente de nylon y amarró al mismo un pequeño anzuelo, viejo y poco puntiagudo, al que puso una carnada poco apetecible que sacó de su otro bolsillo y le dijo: “Mira Hijo, esta parte del lago se ve turbia, con poca Luz y sin mucho movimiento de agua, y a los peces, como a los hombres, les gusta la Luz del Sol, que es la Luz de Dios, por lo que vamos a esa otra orilla en la que la Luz brilla y las aguas son cristalinas y transparentes.” Así lo hicieron y el Maestro tiró su pequeño anzuelo. Al paso de varios minutos, el aprendiz quedó impresionado de que en esa otra orilla, no dejaron de pescar una y otra vez con los pequeños y sencillos instrumentos del Maestro. Habiendo el aprendiz creído que ya lo había visto todo, el Maestro se volvió nuevamente hacia el mismo y le dijo: “Hijo, si encuentras la parte más pura, más cristalina, más transparente y bella del lago, podrás pescar aun sin usar ningún instrumento.” En ese momento, el Maestro caminó por la orilla del lago y llegó a un lugar donde brillaba intensamente la Luz del Sol y en donde el agua era tan transparente y cristalina que se veía completamente el fondo del lago. Al acercarse, el aprendiz observó con asombro cientos de peces que se movían en el agua debajo de los pies del Maestro, quien en ese instante se agacho pausadamente y con sus manos saco un gran pez. El aprendiz no podía creer lo que veía. El Maestro había pescado un gran pez con sus propias manos, mientras que él, teniendo el mejor y mas sofisticado equipo, no había podido sacar nada. Entonces, el Maestro se acercó al muchacho y le dijo con ternura: “Hijo, recuerda que en la pesca como en la vida, siempre hay que buscar lo que uno quiere en el lugar correcto, y si se busca precisamente ahí, no se requiere de ningún equipo especial, ese es el secreto.”
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